Creadores europeos contra el uso no autorizado de sus obras en la Inteligencia Artificial Generativa
El sector creativo europeo se está movilizando para conseguir que sus obras no sean utilizadas sin autorización para entrenar modelos de inteligencia artificial generativa (IAG). Más de 31.000 titulares de derechos ya han firmado una declaración con este fin.
Una sola idea ha impulsado este movimiento:
"El uso sin licencia de obras protegidas para entrenar IAG es una amenaza grave e injusta para el trabajo de las personas y empresas que están detrás de esas obras, y no debe permitirse."
"The unlicensed use of creative works for training generative AI is a major, unjust threat to the livelihoods of the people behind those works, and must not be permitted."
Este breve texto ya ha sido suscrito a día de hoy por 32.204 autores, músicos, coreógrafos, artistas, ilustradores, fotógrafos, cineastas, actores de doblaje, periodistas, psicólogos, profesores de universidades, traductores, editores y organizaciones del sector, tanto nacionales como internacionales, preocupados por el impacto que la IAG puede tener en el mundo de la creación y en sus derechos de propiedad intelectual.
Entre los firmantes se encuentra la Federación Internacional de Entidades de Derechos Reprográficos (IFRRO, por sus siglas en inglés) –de la cual es miembro CEDRO– y la Asociación Colegial de Escritores de España.
Desde IFRRO, se explica que esta movilización europea se suma a las iniciativas globales que exigen una legislación que proteja los derechos de autor en la era de la IA.
Según esta Federación, «la explotación no autorizada de obras protegidas representa una seria amenaza para la economía creativa y para la subsistencia de los profesionales de la cultura».
Puede adherirse a esta declaración aquí:
https://www.aitrainingstatement.org/
Firmantes
Organizaciones firmantes
autores-y-editores-de-francia-demandan-a-Meta
https://www.cedro.org/sala-de-prensa/nocreadores-europeos-se-movilizan
los-autores-australianos-denuncian-el-uso-no-autorizado-de-sus-libros-por-la-I-A
2025/01/08/escritores-y-traductores-reclaman-autorizacion-previa-para-el-uso-de-sus-obras-en-IA
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Library Genesis (LibGen), un sitio pirata de origen ruso, creado hacia el 2009-10, permite el acceso a millones de obras pirateadas: novelas, cómics, artículos científicos… Library Genesis funciona como una biblioteca paralela. Está bloqueada en varios países, pero sigue accesible para cualquiera con un buscador.
Trabajadores
de los autómatas numéricos ChatGPT (OpenAI) y Llama (de Meta) han
reconocido en varios procesos judiciales en Estados Unidos que ambas
compañías han recurrido a estos contenidos piratas para el
entrenamiento de sus modelos de autómatas algorítmicos. Estas
plataformas no han llegado a acuerdos ni con los autores pirateados
ni con las entidades que gestionan sus derechos.
La
infracción penalizable que cometen estas empresas es doble, por usar
sin autorización obras protegidas por derechos de autor y por
acceder a ellas de forma ilegal e indiscriminada.
Lo mismo
que CEDRO en España, denuncia DANISH RIGHTS ALLIANCE, la
organización que defiende los derechos de autor en Dinamarca: que
las empresas de modelos de autómatas numéricos creativos (IAG) han
recurrido a conjuntos de datos obtenidos de sitios pirata como
LibGen, Anna’s Archive, Books3, Watchseries o Commom Crawl, este
último sin ser pirata aloja grandes cantidades de material protegido
sin autorización.
Sólo en el repositorio LibGen la
entidad de derechos de autor CEDRO ha identificado tres grandes bases
de datos con millones de archivos: libros de ficción, de no ficción
y libros y artículos científicos. En los dos primeros, por ejemplo,
hay 49.461 títulos que se corresponden con obras publicadas en
España, lo que afecta directamente a escritores y traductores:
Almudena Grandes, Camilo José Cela, Arturo Pérez-Reverte, Javier
Cercas, Fernando Aramburu, Julia Navarro, Rosa Montero, Mario Vargas
Llosa, Antonio Muñoz Molina, Luis García Montero, etc., con una
nómina periódicamente actualizada en esta base de datos pirata. Las
editoriales afectadas son Planeta, Anaya, Acantilado, Libros del
Asteroide, Edhasa, Alba, y el número de editoriales llega a 1.100
afectadas.
Sin embargo, LibGen sigue operativo y accesible
desde cualquier país, aunque su bloqueo haya sido ordenado
judicialmente en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania,
Grecia o Italia. Para evitar las restricciones los delincuentes abren
constantemente webs espejo, a las que recurren las hipócritas
grandes empresas de autómatas numéricos para sortear la legislación
sobre propiedad intelectual. Por norma general, no se pueden explotar
obras protegidas sin autorización previa de sus autores o de las
entidades que gestionan su propiedad intelectual, las cuales pueden
exigir ser remunerados.
CEDRO alerta que los autores y los
traductores se enfrentan a un panorama desolador: con la piratería
clásica los lectores accedían a sus libros gratis; ahora hay
máquinas, los autómatas numéricos, que compiten con ellos
pirateando su esfuerzo creativo. Esto puede hacer que la actividad de
los autores se vuelva insostenible.
Este informe de CEDRO
afecta también a la Administración pública española, que está
desarrollando un modelo propio de autómata numérico generativo
(IAG), llamado ALIA, que se entrena de repositorios como el de Common
Crawl, que extrae contenidos de medios de comunicación. El Ejecutivo
ha evitado aclarar si, durante el desarrollo de ALIA, se ha respetado
la propiedad intelectual. Las entidades del sector periodístico
aseguran que no ha habido ningún tipo de acuerdo.
Además,
la Administración pública se ha olvidado de cumplir sus propias
normas y convertido en pirata. CEDRO lleva tiempo denunciando que los
organismos públicos se niegan sistemáticamente a pagar por los
“clippings” de prensa que políticos y asesores leen cada mañana.
Y así el sector pierde alrededor de 40 millones al año.
La
comisión europea en Bruselas aprobó una ley de Autómatas Numéricos
(IA) que incluye cierta protección para los derechos de autor,
aunque es insuficiente para las entidades de gestión. Al exponer la
comisión europea el Código de Buenas Prácticas, las grandes
compañías han presionado para flexibilizar más estas condiciones.
Ante esta avidez de las empresas tecnológicas, el sector cultural
europeo ha mostrado su rechazo. “El desarrollo tecnológico no
puede avanzar a costa de quienes crean, editan y sostienen la cultura
escrita”, dice Jorge Corrales de CEDRO.
Las escritoras
Rosa Montero y Julia Navarro dicen claramente: “son ladrones”;
“esto no es piratería, son bandas organizadas que roban”;
“estamos asistiendo a un expolio absolutamente masivo de los
libros”; “los gobiernos europeos tiene que tomarse esto en serio.
No solamente perjudica a los autores, sino que empobrece a la
sociedad”.
Rosa Montero afirma: “los neurocientíficos
llevan años advirtiéndonos de que a través de las IA pueden
manipular nuestra voluntad. Entonces, estamos alimentando una
maquinaria de manipulación: nos pueden dictar lo que queremos
comprar, lo que queremos votar, lo que queremos ser. Y todo con
nuestra propia producción intelectual”.
Un reciente
estudio de la AAAI (Asociación para el avance de los autómatas
algorítmicos) en que participaron 475 investigadores de la comunidad
científica señala que el 77% de los expertos considera poco
probable que ese pretendido autómata llamado super-inteligencia
capaz de pensar como los humanos y de superarlos pueda lograrse a
partir del enfoque actual de los gurúes de los algoritmos como
OpenAI (Sam Altman), Grok (Elon Musk) o Google Deep Mind (Demis
Hassabis).
El matemático y científico Michael I. Jordan,
clave para el autómata ChatGPT, piensa que lo de super-inteligencia
es un término no definido que parece un gancho para captar
financiación del capital-riesgo y para engañar a los periodistas.
El experto advierte: sólo espero que los periodistas seáis lo
suficientemente inteligentes para preguntarles qué es eso de la
super-inteligencia y qué significa exactamente; Sam Altman no tiene
una comprensión profunda de la tecnología.
Los expertos
coinciden en que los autómatas numéricos (ChatGPT, Gemini, Grok) no
entienden el mundo de forma profunda ni aprenden con la experiencia
propia, como haría un ser humano; siguen cometiendo errores y no
tienen memoria duradera ni sentido común. No basta con hacer modelos
más grandes y con más datos. Hace falta cambiar el enfoque.
El
idealismo de Sam Altman de llegar a una super-inteligencia digital
capaz de hacer trabajo cognitivo real no lo tiene tan claro
Microsoft, el principal inversor de OpenAI. Renegociando ambas su
acuerdo comercial, el desarrollo de ese super-autómata que supere al
ser humano se ha convertido en uno de los mayores puntos de conflicto
entre las dos firmas, que podría resultar en una batalla
legal.

